Prensa Para Artistas

Neto, Cabra y Nde Ramirez: Collage sonoro de lo que sucede por acá

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Caliente y vibrante, la noche del sábado brindó tres instantáneas de la realidad musical. El folklore con una vuelta de tuerca hacia la psicodelia de los formoseños, la profunda crítica social del Cabra en versión acústica, y la explosión de fusión hardcore tropical de un Neto que avala su nombre con un sonido cada vez más macizo y contundente.

Mientras el rockcito tan biónico y babasónico copa los charts, las radios y los festivales, el subsuelo musical de esta parte del mundo arma sus cimientos con propuestas contundentes en lo sonoro, novedosas en lo estéticas y coherentes en lo esencial: la música, la manera de hacerla y el modo de disfrutarla.

 

El Pombero que llegó del Norte

Nde Ramirez es parte esencial del pelotón de punta de una escena litoraleña que poco a poco se abre paso hacia el “grán público”. Con actitud rock y esencia folk, son una bocanada de frescura y una cachetada en la cara al rock mainstream y, por consecuencia, también al folklore más conservador. Un cóctel engañoso en el que puede convivir una chacarera cuasi(cuasi)-convencional, con pasajes de pop psicodélico y retazos de rock espacial (en realidad, estos tres elementos y sus adjetivos se pueden intercambiar arbitrariamente y el resultado final sigue allí). Brillantes y oscuros. Clásicos y modernos, los Ramirez se saltean las fronteras sin que les pidan pasaportes y con un contrabando de sonido fusión.

El que no llegó temprano al show de sábado y no los vio, perdió. No son tantas las oportunidades que tenemos los posadeños de disfrutar de tamaño show de guitarrazos acústicos podridos por una pedalera de efectos. Ocultos debajo de sus enormes sombreros cual pomberos, Marcos Ramirez y sus huestes psicofolklóricas son, en realidad, viejos habitués de la Tierra Colorada, pero pocos se enteraron. Cuando sean famosos “de verdad”, muchos que no estuvieron dirán “sho ya los ví”.

 

Más cuerdo que una Cabra

Muñido de una guitarra y con un copiloto haciéndole el aguante puntenado la otra vihuela, el cabra se convierte en una especie de payador 2.0. Su boca derrama verdades y convierte en una explosión contenida toda esa adrenalina a la que nos tiene acostumbrado cuando toca con Las Manos. Esta vez, embarcado en una gira en tren austero, “casi de relax”, como relató en el backstage, maquilla de minimalismo sonoro lo que maximiza a la hora de decir cosas. Reventado como un Goyeneche marxista, nunca se olvida de Cromañon ni de la lucha… y aunque por momentos parece que canta pelotudeces, sólo es cuestión de aflojar con la birra (caliente, casi insultantemente caliente), parar la oreja y escuchar cómo baja línea con la ironía como remera. Ojalá todos los pelotudos tuviesen sólo un poco de su lucidez.

 

Neto es Neto

Metales preciosos, sonidos sin edulcorante, percusiones marciales y voces que dicen cosas. El cómo Neto se convirtió en la bandera de la fusión de la Triple Frontera es una ecuación con tantas X que mejor dejarlo ahí. Le cantan al río, a los que viven de él y putean contra los que abusan de él. No se olvidan de las raíces, porque de allí nació esta planta que se fuma, que se escucha y que, sobre todo, se siente.

Neto es hardcore, Neto es funk, Neto es salsa y es rock. Neto es identidad, porque eso somos. Un mboyeré de sonidos y culturas. La chipa junto al amplificador.

Con una puesta en escena descomunal, dejaron al escenario del Huracán chiquito como una cancha de futbol 5 para que jueguen un triangular Argentina-Brasil y Paraguay. Y así sonaron, demoledores y limpios demostrando que tantos años en la calle se notan en cada nota y se sienten en cada grito. Kike y Flai se reparten cada letra del alfabeto kuera mientras el tándem bajo (samor) y viola (guapo) conforman la pared sonora de una fortaleza que se cimienta en la nueva incorporación de Leo Rojas, que desde su atalaya arroja sonidos de sintes, guitarras y acordeón. En la otra torre, las percusiones invitadas disparan dardos envenenados junto a Anto y su catapulta con tambores. En tanto los bronces derraman metal fundido que perforan cualquier coraza del que ose ponerse enfrente. En definitiva, Neto es un combate cuerpo a cuerpo en una batalla contra la mansedumbre del rock.

Caliente y vibrante, la noche del sábado brindó tres instantáneas de la realidad musical en una ciudad a la que le faltarán lugares y apoyo, pero le sobran ganas de transformar las cosas. Será cosa de seguir Remándola. Así nomá e´.

Martes, 22 de Agosto de 2017

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