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Aguamono: brilla tu luz para mí

Aguamono: brilla tu luz para mí

Cuando el grado de maduración de un grupo de músicos llega a su punto justo, a veces, se produce una hecatombe sonora de proporciones. Eso justamente sucedió la noche del sábado en el Club Atlético Posadas. Aguamono presentó en sociedad su NocheLanzallamas… e incendió los sentidos.

Yahni, Chemes, Bergara y Solís dieron una soberbia demostración de un rock maduro y electrónico, macizo pero etéreo, volátil pero intenso. NocheLanzallamas es una flama que por momentos se muestra mínima y sutil apoyada en el gran trabajo vocal de su cantante para luego, fogoneada por esa catarata de texturas que son los teclados de Yahni, convertirse en una bola incandescente que arrasa todo a su paso dejando sólo cenizas (que serán correspondientemente revueltas por el bajo de Bergara y la batería de Diego Solís) para dejarnos con la sensación de que al terminar, no quedará nada. 

Una banda de rock sin guitarras, a priori, genera desconfianza. Un cuchillo sin filo, un robot sin alma. No es el caso. Los teclados de Yahni derraman sonidos y abarrotan el espacio con bases, a veces industriales y otras más funkeras, pero siempre genuinas… y en el bajo de Diego Bergara puede estar el quid de la cuestión: una tarea soberbia en su reingreso a la arena del rock luego de tantos años a puro jazz & funk. Juntos y bien amarrados por esa topadora llamada Diego Solís que empuja desde atrás, el sonido de Aguamono se convierte en una nube que muta de forma sin perder la esencia. Debajo de ella sólo queda dejarse mojar por esa lluvia de tonalidades entrega por Javier Chemes y su trabajada vocalización.

 

 

El Deca, un grande que también quedó chico

Movilizar a la gente con una propuesta que navega por las siempre turbulentas aguas de lo “de culto” (¿esos mamelucos de puesta ochentera no los acercan al art-rock?) es una tarea agridulce por demás. En este contexto, el que Aguamono esté conformado por músicos consagrados en otros proyectos musicales pero sin una trayectoria como “banda en vivo”, convirtió a la apuesta en un desafío mayor aún, y el Deca mostró la verdadera cara de nuestra escena: un público de “entendidos” que se encargarán de relatar a los demás que ese salón medio western vivió una noche en la que el espacio quedó grande pero el escenario chiquito de tanta música que emanó de él.

 

Convites de luxe y pastillas de color

El formato teclado-bajo-batería-voz deja siempre la puerta abierta a los “invitados especiales”, y si sumarle una guitarra rabiosa como la de Inti Velazquez o, elevando la apuesta a niveles que rozan la ascensión a los cielos, como lo que transmite Pico Nuñez y su Bandoneón, le dieron al concierto de Aguamono “sólo” pinceladas de color, debe ser porque en y desde ese escenario la paleta sonora ya estaba completa. Aguamono suena tanto que lo hace apetecible para pocos. Difícil ecuación.

Lunes, 20 de Agosto de 2018

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